01
febrero

Despedida digna en el hogar de los peludos

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Me acuerdo como si fuera hoy mismo cuando supe que mi perra, que en la época tenía 17 años, padecía de una enfermedad renal incurable. Era la reina de la família y por no haber tenido hermanos, los momentos de ocio en casa vividos en la infancia los disfrutaba con ella. Era muy presente y cercana a nosotros. Más que un miembro más de la familia, una auténtica compañera en la vida que ha sido mi maestra en el idioma sin las palabras.

Le encantaba jugar al fútbol y en nuestros “partidos” era la portera, con la boca recuperaba la pelota para luego esperar que fuera a por ella. Pasábamos un par de horas interactuando de esta manera hasta que entraba el cansancio en una de las dos. Esperaba durante todo el día los momentos de dar un paseo con mi madre y le encantaba comer, saltar y correr.

Sin embargo, en aquél entonces, ya no disfrutaba de estos instantes tan sencillos e importantes de su vida (y de la nuestra!). Caminar se ha vuelto una batalla contra el peso de su cuerpo, comer ya no era un habito y aunque mantenía la serenidad, con la mirada un día nos ha dicho lo que sentía: no podía más.

Tras un gran recorrido en clínicas y una rutina de casi un año entero con fuertes medicinas, manejo de catéter en sus venas y la presión por parte de algunos profesionales en mantenerla ingresada en medio de una multitud de aparatos médicos de última generación, lejos de su família hasta el último día de su vida, hemos decidido actuar.

Solicitamos a Mayra, su veterinaria de cabecera, asistirla en sus momentos finales dentro de la comodidad y amor que disfrutaba en su hogar. Allí, sin la presencia del estrés y del miedo, tan sólo con la asistencia de las personas con las que se relacionaba habitualmente nos hemos despedido de Xuxa con el sabor de la gratitud por haber cerrado un ciclo con sentido: honrar el proceso natural de su muerte ha sido como honrar toda su vida.

Desde este lugar de reconocimiento de la dura delicadeza del momento y tras haberla vivido con otros compañeros animales no menos importantes, nos sentimos más seguras para, a través de Biovet, poder servir a tu mejor amigo cuando lo necesite (ojo, en el caso de que realmente lo necesite!) y de la manera más natural posible.

Para ellos, este momento es un fenómeno sencillo y requiere silencio acompañado de un espacio tranquilo para estar, tal y como ocurriría si estuvieran en un bosque. También en sus últimos minutos son maestros en enseñarnos la importancia de la “presencia” en el día que ya no estarán presentes por primera vez, por lo menos físicamente.

SALUDos y ladridos.

Bruna Angrisani – Biovet

 

*Muerte digna en el hogar (colaboración con empresa de incineración ecológica local): solicita más información en hola@biovet.es